¿Por qué unas personas se enfadan más que otras?

«La ira: un ácido que puede hacer más daño

al recipiente en la que se almacena,

que en cualquier cosa sobre la que se vierte».

Séneca.

Si nos ponemos a pensar en las personas que nos rodean, es curioso observar que hay personas que se enfadan con más facilidad que otras. Hay incluso familias enteras en las que tienen los mismos patrones a la hora de manifestar su enfado, o bien todo lo contrario, hay miembros de esa familia que parecen estar siempre encolerizados mientras que otros muestran una aparente serenidad.

El secreto está en la tolerancia a la frustración y el nivel de activación del organismo. Las personas que se irritan fácilmente, que no saben tomarse bien las cosas y se enfadan por cualquier cosa que les parezca irritante, suelen tener una baja tolerancia a la frustración. El origen de esta baja tolerancia puede encontrarse en diversos factores: Sigue leyendo ¿Por qué unas personas se enfadan más que otras?

¿Tienes el Síndrome del Impostor?

 “Si has cometido errores, incluso errores graves, siempre tendrás una oportunidad de enmendarlos. Lo que llamamos fracaso no es la caída sino el hecho de quedarse en tierra.” Mary Pickford.

El síndrome del impostor lo sufren aquellas personas que se sienten incapaces de reconocer cualquier éxito en su vida, viéndose internamente como un fraude hacia los demás y justificando cualquier logro con la suerte del momento.

Se trata de algo más que sentir inseguridad. Es como si esta persona no fuese merecedora de los logros que ha conseguido. Esto hace que personas muy aptas no progresen, sobre todo en relación a su  carrera académica o profesional.

El síndrome del fraude o del impostor es un término acuñado por  las psicólogas Pauline Clance y Suzane Imes en los años 70, y siete de cada diez personas lo han sufrido en su vida.

Ante los demás son personas muy competentes, pero no se lo acaban de creer, lo que hace que se boicoteen a sí mismos rumiando pensamientos de pesimismo, por lo que suelen sufrir de ansiedad y estrés.

Estas personas nunca creen estar a la altura, no se sienten suficientemente buenos, competentes o capaces.

La mayoría nos hemos sentido así alguna vez ante un nuevo reto, como por ejemplo un cambio de trabajo o al comenzar unos estudios muy exigentes. De hecho es bastante normal, e incluso diría yo que es un comportamiento adaptativo, ya que queremos estar a la altura de una determinada situación movilizando gran parte de nuestros recursos.

Es normal querer dar la talla en determinadas situaciones y querer exigirse lo máximo, pero debemos reconocer también nuestros propios esfuerzos.

El problema viene cuando empeora con el tiempo ante cualquier situación. Esto se manifiesta sobre todo cuando la persona achaca sus éxitos sólo a la suerte, sin tener el cuenta el esfuerzo que ha realizado.

El hecho de no reconocer el propio éxito y de no sentirse merecedor de él a la larga hace que estas personas, que suelen ser excelentes,  trabajen por debajo de su potencial.

Así, un comportamiento típico de las personas con este síndrome es el de abortar sus proyectos antes de comenzarlos, haciendo gala de lo que se denomina un pesimismo defensivo. Es decir, comienzan a tener un miedo al fracaso enfermizo, que le hacen autosabotear todos sus proyectos. El miedo al fracaso se convierte entonces en el centro de sus vidas.

El origen de este síndrome se ha encontrado en cuatro posibles causas:

  • Dinámicas familiares en la infancia que hacen que la persona tenga una sensación de inferioridad.
  • Estereotipos que asignan unas mejores cualidades de éxito a los hombres a diferencia de las mujeres. Así como la presión que pueden llegar a recibir estas por el hecho de tener que abarcar demasiadas tareas. Esto también puede tener que ver con las diferencias salariales y de posibilidades profesionales entre hombres y mujeres. Por todo esto, el síndrome del impostor suele afectar más a las mujeres.
  • Tener una percepción del éxito muy distorsionada, con metas y requisitos imposibles de alcanzar. Se trata de personas con un elevado nivel de autoexigencia, que dudan constantemente sobre su propia habilidad.

¿Cómo podemos superar el síndrome del impostor?

  • En primer lugar hay que relajarse un poco y permitirse la libertad de fracasar, separando la propia autoestima del éxito conseguido o de la aprobación de los demás.
  • Otro aspecto importante es no caer en la hiper-responsabilidad. Es necesario aprender a delegar y a decir no , como comento en mi post Aprende a decir NO y dilo a menudo.
  • Pon freno al perfeccionismo. Los errores forman parte del aprendizaje, aprende a aceptarlos y que no afecten a tu autoestima.
  • Valora todo lo que has conseguido hasta ahora.
  • Celebra y premia tus victorias.

Si te has sentido identificado, ya sabes lo que tienes que hacer para salir de esa rutina que limita tu potencial.


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Esther Canales Castellanos.
Psicóloga Experta en Coaching PsEC y Economista.