Aprende a decir NO y dilo a menudo

«No existe mayor preso

que el que duda entre dos puertas abiertas».

Benjamín Prado.

Constantemente, en nuestro día a día, recibimos múltiples invitaciones, oportunidades, peticiones, etc, y ahora con las redes sociales, esto se multiplica exponencialmente.

Es como si tuviésemos ante nosotros muchas puertas y tuviésemos que estar dudando entre ellas una y otra vez. Esto nos lleva a tener que tomar decisiones constantemente de aceptación o negación.Adoptar la actitud de valorar lo que nos va a aportar algo antes de aceptarlo, sin dar demasiadas vueltas ni justificaciones a nuestra negativa, puede ser uno de los hábitos que te reporte más espacio en tu vida.

Al decir no a cosas que no se adecuan a tus expectativas, estás dejado el espacio a oportunidades y relaciones adecuadas.

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Hay personas que se entusiasman fácilmente con todos los proyectos que se les ofrecen. Hubo un tiempo en el que yo también fui así y el resultado fue una gran dispersión y estrés en mi vida. Puesto que tengo intereses muy amplios, pensé que era bueno embarcarme en todo aquello que me gustase ¡a la vez!, en lugar de seleccionar y priorizar los proyectos a los que dedicar mi atención. 

Nuestra energía y tiempo son limitados. Al aceptar todo lo que nos llega corremos el riesgo de no estar centrados en lo realmente importante. Antes de decir que sí llevados por el entusiasmo, recomiendo analizar un poco más lo que nos piden en frío, visualizando lo que tendremos que dejar de lado si aceptamos.

Muchas veces, detrás de aceptar todo lo que nos piden se esconde la necesidad  desmesurada de agradar a los demás. Es decir se esconde la baja autoestima y falta de seguridad en nosotros mismos. También hay veces que simplemente suponemos que la otra persona va a pensar que no estamos a la altura o que le vamos a defraudar.

Hay ocasiones en las que no podemos decir que no directamente. Una alternativa es dejar en suspenso la decisión. Esto nos permite tomarnos un tiempo para dar una respuesta adecuada. Estas ocasiones suele ser cuando nos sentimos culpables si decimos que no a alguien que es importante para nosotros.

No digo que no sea importante ayudar a los demás, pero ayudarse a uno mismo debería ser la prioridad. De esta forma conseguiremos ayudar también con mayor consciencia y entusiasmo a los demás, y no como una obligación o imposición.

Decir no , no sólo implica decir no a tareas , sino también a personas que ya no aportan nada en nuestra vida. Es un signo de madurez. La vida es demasiado corta como para desperdiciarla con personas o actividades que lejos de aportarnos nada, nos restan energía y nos llenan de preocupaciones.

Aprende a decir no y adquiere el hábito de decirlo a menudo.

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Esther Canales Castellanos.

Psicóloga Experta en Coaching PsEC y Economista.

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