Todos somos emprendedores en un laberinto.

  En algún momento de nuestra vida, todos hemos emprendido algo. Desde estudiar una carrera, tener un hijo, comprar una casa,  buscar un trabajo, hasta diseñar un blog, escribir un libro o incluso, crear una empresa. En todos los casos hay un denominador común: para tener éxito tenemos que desarrollar determinadas actitudes y aptitudes.Y para ello necesitamos unas determinadas herramientas.

Para definir lo que es un emprendedor podíamos decir que es un soñador con los pies en el suelo. Es alguien seguro de sí mismo, flexible, abierto al aprendizaje y con una alta resistencia a la frustración. Cualidades que son imprescindibles, ya que emprender es algo realmente duro , que nos pondrá a prueba física y emocionalmente, en la misma medida de la dificultad de nuestro objetivo. Sabremos entonces hasta dónde puede llegar nuestra determinación, autoconfianza, valor y sentido común.

Como emprendedores nos movemos en un continuo entre dos polos.

Por un lado, en un extremo, la convicción de que vamos a tener éxito y de que si trabajamos duro conseguiremos lo que nos propongamos.

Esta motivación es primordial si queremos conseguir cualquier objetivo en la vida. Es la gasolina que nos dará la energía y empuje necesario para llegar a nuestro destino.

Para conseguir cualquier objetivo, primero tenemos que visualizarlo, imaginarlo, soñarlo, recrear cómo nos sentiremos cuando lo consigamos.

Hay personas que limitan sus anhelos con múltiples creencias que los frenan y piensan: “para qué voy a imaginar eso si es poco probable”, “me faltan cualidades para conseguir mi objetivo”, “con la situación económica actual…eso es imposible”, y un largo ectétera, con excusas muchas veces absurdas y otras con cierto fundamento.

En el otro polo, por tanto,  nos encontraremos con cierta incredulidad fundamentada en estas creencias limitantes que nos obliga a cuestionarnos si vamos por el camino correcto y que nos hacen ser conscientes de que podemos fracasar.

Nuestra motivación, necesariamente tendrá una base de lo que las personas realistas llaman sensatez. Hay asuntos prioritarios como son la seguridad, la subsistencia, las relaciones más cercanas, que sencillamente no podemos descuidar para conseguir nuestro objetivo.

Hay enfoques motivacionales muy radicales para emprender que han descuidado este aspecto, incluso despreciando este factor de realismo. Personas que lo han dejado absolutamente todo, familia, trabajo seguro, ahorros, etc por una idea, sin sopesar antes si su sueño era viable, y fracasando estrepitosamente.

No nos equivoquemos. El realismo o sensatez también es necesario en su justa medida.

El secreto, como todo en esta vida,  está en encontrar un equilibrio entre realismo e ilusión, porque el camino del éxito es mucho más complicado de lo que nos han contado. Situarnos en uno de los polos no nos beneficia.

Como decía antes, un emprendedor es alguien capaz de soñar con un objetivo e ilusionarse, pero que tiene presente que hay que tener los pies en el suelo, que tiene que partir de un mínimo de seguridad para poder lanzarse a conseguir cualquier objetivo que se proponga. Esto es extrapolable a cualquier situación que se nos ocurra.

Puntualizo aquí que el concepto de éxito es único y exclusivo para cada persona, y que nos alejamos de él cuando comenzamos a prestar demasiada credibilidad a las opiniones sobre el éxito de los demás.

En nuestra sociedad, concepto de éxito suele estar asociado a la prosperidad profesional y económica, que es una faceta importante de nuestra vida, pero dando por sentado que tenemos que descuidar otras áreas que también nos proporcionan felicidad.

Mi concepto de éxito se basa más bien en encontrar un equilibrio entre todas las áreas de mi vida: familiar, social, desarrollo personal, salud, aprendizaje y por supuesto económica y profesional. Pero este es mi concepto del éxito, cada cual tiene el suyo y tiene que ser consecuente con ello.

El camino del éxito no es lineal, sino que más bien se parece a un laberinto en el que avanzamos y retrocedemos mientras tenemos en mente el objetivo final que queremos conseguir. Incluso, a veces, será necesario cambiar nuestro objetivo por otro que ni siquiera contemplábamos en un principio, ya que en el camino podemos encontrarnos con que el laberinto puede tener otras salidas ,que pueden ser incluso más gratificantes que la meta que nos habíamos propuesto. De ahí la necesidad de ser muy flexible y no obsesionarnos con la meta que nos habíamos propuesto en un principio.

Emprender, como decía antes, es como meterse dentro de un laberinto, donde nuestra motivación fluctuará, al no encontrarnos rápidamente con la salida que esperábamos, y encontrarnos con que no avanzamos e incluso retrocedemos.

Sin la motivación necesaria, nos quedaríamos dentro de este laberinto sin esperanza alguna de salir, pero sin la estrategia adecuada tampoco conseguiríamos nada. Lo importante es ser consciente de ello, y actuar en consecuencia.

Emprender es un aprendizaje continuo, ya que implica salir de nuestra zona de confort, aquella en la que estamos muy seguros, pero en la que notamos que nos falta algo más para ser felices y sentirnos plenos. El problema de salir de esta zona es que muchas personas lo entienden como lanzarse al vacío sin paracaídas, y esa actitud no lleva al éxito. Hay que explorar primero, sopesar consecuencias, adquirir unas determinadas aptitudes y tener ciertas cualidades y actitudes ante el cambio.

 Cuando llevamos mucho tiempo dentro del laberinto aprendemos a relativizar las frustraciones que nos encontramos en el camino, y a no confiarnos demasiado cuando parezca que vamos a encontrar la salida. Nos enseña a encajar los golpes y a no pasar demasiado tiempo auto compadeciéndonos. A escuchar a todo el mundo, tanto a los críticos como a los que creen en nosotros… pero sin hacer demasiado caso a ninguno, sacando tus propias conclusiones.

En definitiva la vida es un camino de emprendimiento. No conozco a nadie que no tenga al menos un objetivo, algo que emprender en su vida, por modesto que sea éste.

 Nadie está nunca preparado para el fracaso y la frustración, pero cuando comenzamos a verlo como una oportunidad de aprendizaje, todo cambia y aprendemos poco a poco a aplicar estos nuevos conocimientos para fracasar en pequeño y minimizar la frustración. Porque, reconozcámoslo, fracasar duele y hay que aprender rápido. De no ser así, todavía seguiríamos aprendiendo a caminar.

Sin embargo, hay personas que parecen disfrutar fracasando y se niegan a aprender, culpando a los demás de su triste situación. Pero, todos nos hemos caído muchas veces en nuestra vida,  si tenemos la voluntad y asumimos la responsabilidad de levantarnos cuando nos caemos, aprenderemos a andar y conseguiremos salir del laberinto. Y , por qué no, probar a entrar en otro laberinto nuevo.

 Algo que nos ayuda en este proceso es contar con los conocimientos y herramientas adecuadas para manejar mejor las distintas situaciones. Afortunadamente contamos con muchas herramientas para este camino. Una de ellas es el coaching, que mediante una serie de técnicas y procesos te permiten mejorar y potenciar tus habilidades y capacidades, permitiéndote aprender a llegar al final del laberinto. Te permite pasar de lo que eres ahora a lo que deseas ser.

 Emprender es cambiar y si hay algo constante en la vida es el cambio.

 
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Esther Canales Castellanos.

Psicóloga Experta en Coaching PsEC y Economista.

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